ASOCIACIÓN: Convivir con el agua: ni huir del río ni del mar ni negar el riesgo

 Territorio e inundaciones · Marina Alta

Convivir con el agua: ni huir del río ni del mar, ni negar el riesgo

Ninguna norma cambiará la orografía valenciana. Lo que sí puede cambiar es la forma en que construimos, avisamos y nos protegemos.

Un antiguo refrán valenciano advierte: «A la vora del riu, no faces niu» («A la orilla del río no hagas el nido»). Y, sin embargo, salvo en épocas prehistóricas anteriores a la cultura ibérica, la humanidad ha elegido siempre los márgenes de los ríos y las orillas del mar para levantar sus casas. El motivo es sencillo: el agua era fuente de riqueza, porque permitía regar los campos, lavar la ropa, beber y pescar.

Además, en las llanuras costeras del Mediterráneo valenciano nuestros antepasados no tenían —ni tenemos hoy— demasiado donde elegir. Entre Dénia y el delta del Ebro casi todo son zonas inundables, salvo las pequeñas lomas y colinas sobre las que se asientan los cascos históricos de los pueblos. En ese tramo de costa se conserva una decena de marjales y humedales que llegan hasta el mar, alimentados durante miles de años por ríos, barrancos y rieras:

  • Parque Natural de la Marjal de Pego-Oliva
  • Marjal de la Safor
  • Marjal i Estany de la Ribera Sud del Xúquer
  • Parque Natural de l'Albufera de València
  • Marjal de Rafalell i Vistabella
  • Marjal dels Moros
  • Marjal i Estanys d'Almenara
  • Marjal de Nules-Borriana
  • Parque Natural del Prat de Cabanes-Torreblanca
  • Marjal de Peñíscola
  • Y, como límite norte del ámbito, el Parque Natural del Delta del Ebro

Basta recordar que hasta bien entrado el siglo XIX el tránsito comercial y de pasajeros por los caminos de la costa era prácticamente imposible en invierno: para ir de València a Dénia había que desviarse por el interior, por Xàtiva y Alzira, bordeando las montañas, porque aquellas marjales anegadas resultaban intransitables.

Una historia escrita por las riadas

Del Xúquer se dice popularmente que su nombre significa «devastador» en árabe, en referencia a las violentas riadas que ha sufrido en ambas riberas a lo largo de los siglos, entre ellas la pantanada de Tous de 1982. La etimología es legendaria —el topónimo procede en realidad del Sucro prerromano y latino, arabizado después como Xúquer—, pero la fama de río destructor sí está históricamente ganada.

Y lo mismo puede decirse de los demás grandes ríos valencianos y de sus barrancos y rieras que construyeron con sus sedimentos nuestras playas: desde la DANA del 29 de octubre de 2024, con 229 víctimas mortales en la provincia de València (237 sumando Castilla-La Mancha y Andalucía), hasta las riadas históricas de los siglos XVI al XX, con las grandes avenidas del Túria de 1517, 1776 o la del 14 de octubre de 1957, que se saldó con 81 muertos según las cifras oficiales —bastantes más según otras estimaciones— y arrasó puentes, arrabales y cosechas. En nuestra comarca, el propio río Girona provocó también víctimas mortales en la riada del 12 de octubre de 2007, la que se llevó por delante el puente de Beniarbeig. Y todos los pueblos del litoral, Dénia incluida, tienen amplias zonas inundables, algunas catalogadas incluso como de flujo preferente.

No hay ningún lugar seguro adonde ir

Es una amenaza constante que nos quita el sueño cada final de verano, cuando llega la época de las grandes lluvias. Pero nunca ha conseguido que nuestros antepasados mudaran sus casas a lugares más seguros. Entre otras cosas, porque —si uno se para a pensar— esos lugares seguros no existen en el Mediterráneo valenciano.

¿Adónde deberíamos ir, si es la propia orografía la que favorece la formación de las DANAs? Las sierras litorales y prelitorales —béticas en el sur del territorio, ibéricas en el norte castellonense— actúan como un muro físico que obliga al aire húmedo marino a ascender bruscamente. Ese efecto rampa intensifica la convección: al chocar contra la montaña, las nubes se desarrollan y descargan lluvias mucho más intensas en tierra que en el mar. Y la combinación de montañas próximas a la costa, llanuras litorales y una densa red de barrancos acelera la escorrentía, provocando inundaciones súbitas en las zonas bajas y en las marjales.

Ninguna reforma hídrica ni ningún real decreto de gestión del riesgo de inundación podrá cambiar la orografía valenciana, ni su climatología, ni mucho menos expulsar a sus habitantes a otro lugar. Porque esta es nuestra tierra y es la que queremos habitar.

Entonces, ¿cómo disminuimos el riesgo y aumentamos la seguridad de las personas? ¿Cómo hacemos compatible el riesgo de inundación con la vida en un territorio tan sensible como el nuestro?

La lección de nuestros abuelos

Una primera respuesta nos la da la costumbre. Cuando el Girona sufría una gran avenida —y quienes vivimos el siglo XX lo recordamos—, antes de que el agua entrara en los bajos de las calles adyacentes se subían las gallinas del corral y los humildes muebles al primer piso. Al día siguiente, cuando la avenida remitía y el agua ya bajaba limpia, con la del propio río se lavaba lo que no se había podido subir, se ponía a secar al sol y aquí no había pasado nada. Con esa metodología hemos coexistido miles de años junto al río y el mar, sin más problema que el de tomar precauciones a tiempo.

Pero nuestros antepasados no tenían coches, ni escrituras, ni fotografías, ni electrodomésticos. Hoy sí. La solución actual debe venir, por tanto, de la técnica: obra hidráulica, sistemas de alerta temprana y un urbanismo compatible con las inundaciones. Volviendo al Girona, el arquitecto Pepe Puchol propone para las zonas con flujo preferente un modelo de edificación con plantas bajas diáfanas y las viviendas a partir del primer piso, de modo que el agua pueda pasar sin dañar ni a las personas ni a los bienes. De hecho, algunas edificaciones de la playa de les Deveses y Les Marines responden ya a ese esquema.

Prevenir, no prohibir

Conviene decirlo con honestidad, porque solo así el argumento se sostiene: las plantas bajas diáfanas resuelven buena parte del daño material y ponen a salvo a quien está en su casa, pero no protegen a quien la riada sorprende en la calle, en la carretera o dentro del coche, que fue precisamente como murió la mayoría de las víctimas del 29 de octubre de 2024. Por eso este modelo constructivo no es una alternativa a la prevención, sino una pieza de un sistema que necesita las otras dos: obra hidráulica que lamine las avenidas y, sobre todo, alerta temprana que llegue a tiempo y protocolos claros de autoprotección, con puntos altos de refugio señalizados y simulacros periódicos. Edificación adaptada, encauzamiento y aviso son las tres patas del mismo banco; con una sola no se sostiene.

Ese es el verdadero pacto de convivencia con el territorio: reducir el riesgo sin renunciar a habitarlo. Frente a ello, la Administración prefiere trabajar a golpe de norma prohibitiva. El proyecto de real decreto por el que se adoptan medidas de gestión de los riesgos de inundación —al que acabamos de presentar alegaciones— modifica el Reglamento del Dominio Público Hidráulico (RD 849/1986), el Real Decreto 903/2010 de evaluación y gestión de riesgos de inundación, el Reglamento de la Administración Pública del Agua (RD 927/1988) y, muy especialmente para quienes vivimos en el litoral, el Reglamento General de Costas (RD 876/2014). No es una cuestión menor de técnica jurídica: de esa redacción depende que miles de viviendas del litoral valenciano pasen o no a considerarse dominio público. Recuérdese, además, que una reforma de alcance similar del Reglamento de Costas fue anulada por el Tribunal Supremo por defectos de forma.

Por eso pedimos alegaciones, y no resignación. Y menos en una economía centrada casi exclusivamente en el turismo de sol y playa de la que vive Dénia. Porque, volviendo al caso del Girona, tras la riada de 2007 se prometieron obras hidráulicas y un plan director contra inundaciones para la Marina Alta y, casi veinte años después, no se ha ejecutado ninguna: ni siquiera está operativo el sistema de alerta temprana. Y tampoco se ha hecho nada para restituir el flujo sedimentario fluvial que es el alimento de nuestras playas. Cuando la prevención no llega, la norma prohibitiva acaba sirviendo para tapar la propia inacción o, lo que es peor, la propia incompetencia. Y entre proteger a las personas y desposeer a los propietarios hay toda la distancia que va de la seguridad a la coartada.

Nota de datos y fuentes

  1. DANA del 29 de octubre de 2024: 229 personas fallecidas en la provincia de València; 237 sumando Castilla-La Mancha y Andalucía.
  2. Riada del Túria del 14 de octubre de 1957: 81 víctimas mortales según las cifras oficiales, discutidas al alza por diversos autores.
  3. Riada del Girona del 12 de octubre de 2007: causó víctimas mortales y derribó el puente de Beniarbeig, de principios del siglo XX.
  4. Orografía: las sierras que cierran la Marina Alta pertenecen al Prebético (cordilleras béticas); el Sistema Ibérico corresponde al sector castellonense.
  5. Proyecto de real decreto: a la fecha de publicación de este artículo no es todavía una norma en vigor, sino un proyecto en información pública (MITECO, 16 de julio a 16 de septiembre de 2026).

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