Proteger la costa también significa proteger sus barrios
Proteger la costa también significa proteger sus barrios, las casas que explican generaciones de vida marinera, los pueblos que crecieron mirando al Mediterráneo
La Generalitat valenciana lidera la voz de las autonomías contra los deslindes de costas
Carlos Gil Santiago - Valencia Creada: 13.07.2026 05:50
La defensa del medio ambiente no es incompatible con la defensa de los derechos de quienes han construido su vivienda junto al mar. Durante muchos años, se ha alimentado el debate sobre la incompatibilidad entre proteger el litoral o a las personas que viven en él y a sus propiedades. Conservar un conjunto etnológico de casas de pescadores, un paseo marítimo histórico o un barrio marinero no es una amenaza para la naturaleza, por mucho que quieran empeñarse quienes alimentan la teoría de que la vida moderna y el medio ambiente son enemigos irreconciliables.
Para la Comunitat Valenciana, el Mediterráneo es mucho más que un recurso turístico o un ecosistema de gran valor ambiental. Es una parte esencial de nuestra historia, de nuestra economía, de nuestra forma de entender el territorio y, también, de preservar nuestra identidad. Cada playa, cada puerto o cada núcleo urbano tradicional explica una parte de quiénes somos, y resulta irrenunciable proteger ese entorno, pero también lo es proteger nuestra identidad.
Para ello, resulta imprescindible superar una visión excesivamente rígida y uniforme de la legislación de costas que, durante años, ha tratado de aplicar criterios idénticos a toda la costa española sin tener en cuenta las singularidades geográficas, históricas y sociales de cada territorio.
La regresión del litoral constituye hoy uno de los grandes desafíos ambientales de nuestro tiempo. El aumento del nivel del mar, la pérdida de sedimentos, la reducción de los aportes fluviales, los temporales cada vez más intensos y los efectos del clima extremo exigen respuestas decididas por parte de las administraciones públicas. Sería irresponsable negar esta realidad, pero la solución no puede ser utilizarla como argumento para generar inseguridad jurídica entre miles de familias.
La regresión de nuestras playas no es consecuencia de las viviendas tradicionales que llevan décadas, e incluso siglos, integradas en el paisaje costero. Las causas son mucho más complejas y tienen que ver con la alteración de las dinámicas sedimentarias, con determinadas infraestructuras portuarias, con la ausencia de inversiones sostenidas en regeneración de playas y con la falta de una estrategia nacional de protección de la costa. Proteger el litoral es imprescindible, pero desde el rigor técnico necesario, inversiones suficientes y seguridad jurídica para quienes han habitado históricamente nuestras costas.
La proposición de modificación de la Ley de Costas que el Congreso tiene retenida responde, precisamente, a esa filosofía. Su objetivo no es abrir la puerta a nuevas construcciones indiscriminadas, ni reducir la protección ambiental, sino corregir situaciones injustas que afectan a propietarios cuyos inmuebles, legalmente construidos, forman parte del patrimonio histórico, cultural o etnológico del litoral español y que, sin embargo, han visto comprometida su continuidad por una interpretación excesivamente restrictiva de la normativa vigente.
España posee numerosos conjuntos urbanos tradicionales vinculados al mar cuya preservación constituye, en sí misma, un valor patrimonial. Barrios de pescadores, núcleos históricos, antiguas casas de varadero o edificaciones ligadas a la actividad marítima forman parte del paisaje cultural del Mediterráneo, y condenarlos a desaparecer no supone recuperar la naturaleza, sino perder una parte irremplazable de nuestra memoria colectiva.
La Comunitat Valenciana dio un paso importante, en esta dirección, mediante la aprobación de su Ley de Protección y Ordenación de la Costa Valenciana. Una norma que parte del principio fundamental de que la costa debe protegerse desde la proximidad y desde el conocimiento del territorio. Esta ley reconoce que la Administración autonómica puede desempeñar un papel decisivo en la planificación litoral, en la coordinación con los municipios y en la identificación de aquellos núcleos costeros tradicionales que merecen una protección específica por su valor histórico y cultural.
Frente a modelos excesivamente centralizados, apuesta por una gobernanza compartida en la que las decisiones se adopten teniendo en cuenta la realidad de cada tramo de costa y con la participación de todos los niveles de la Administración.
No se pretende con ello invadir competencias estatales, sino complementar la acción del Estado con la participación de quien conoce mejor las singularidades del territorio valenciano y que puede ofrecer soluciones más ajustadas a cada realidad local. No toda la costa es igual y cada espacio requiere diagnósticos específicos y soluciones adaptadas.
Con todo esto, la política de costas debe convertirse en una verdadera política de inversión pública. Es necesario afrontar la regeneración de las playas con criterios científicos, recuperar dunas, restaurar humedales litorales, proteger sistemas naturales, mejorar los aportes sedimentarios y ejecutar obras de defensa allí donde resulten necesarias, cuidando una planificación urbanística responsable y una gestión ambiental basada en la evidencia científica.
Y, en este contexto, la colaboración institucional resulta esencial. El Gobierno de España debería abandonar planteamientos ideológicos y abrir un diálogo real con las comunidades autónomas y los ayuntamientos afectados. Las decisiones sobre el litoral no pueden adoptarse desde los despachos sin escuchar y tener en cuenta a quienes viven diariamente la realidad de nuestro litoral. Las mejores políticas ambientales son aquellas que consiguen implicar a la sociedad en lugar de enfrentarla con la Administración. Si los ciudadanos perciben que la protección ambiental también protege su modo de vida, el compromiso colectivo crece y el resultado mejora sustancialmente.
La Comunitat Valenciana dispone hoy de una oportunidad para liderar un nuevo modelo de gestión litoral, un modelo que combine los cuatro ejes sobre los que debe construirse cualquier política seria para nuestro litoral: sostenibilidad ambiental, seguridad jurídica, conservación del patrimonio y desarrollo económico.
Proteger la costa también significa proteger la historia de sus barrios, las casas que explican generaciones de vida marinera, los pueblos que crecieron mirando al Mediterráneo y la identidad de quienes han hecho de esa franja litoral mucho más que un paisaje.
El futuro de nuestra costa no puede construirse sobre la demolición de su pasado, sino sobre el equilibrio entre naturaleza y patrimonio, protección ambiental y justicia social, y conservación e innovación. Solo así conseguiremos que las próximas generaciones hereden un litoral más resiliente frente al cambio climático, más respetuoso con su historia y mejor preparado para seguir siendo uno de los grandes activos ambientales, culturales y económicos de España.
Fuente: https://www.larazon.es/comunidad-valenciana/litoral-historia-futuro_202607136a546075772f745d2c44f0a2.html#goog_rewarded

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